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Sobre este blog

Una liana es una cuerda repentina que aparece ante nuestros ojos en medio de la adversidad y que, como Tarzán entre los árboles, agarramos para movernos de un lugar a otro, para sortear obstáculos, para sentir la seguridad de algo firme que raspa las manos y a la vez sirve de apoyo. En este espacio mi intención es rescatar algunas lianas del universo cultural y del mundo del entretenimiento –dos avenidas anchísimas–, algunas cosas para aferrarnos fuerte en medio de nuestras selvas personales.

Que florezcan, entonces, mil.

Autora: Agustina Larrea

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Una colección de tormentas, las series de mayo

Agustina Larrea

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Una liana es una cuerda repentina que aparece ante nuestros ojos en medio de la adversidad y que, como Tarzán entre los árboles, agarramos para movernos de un lugar a otro, para sortear obstáculos, para sentir la seguridad de algo firme que raspa las manos y a la vez sirve de apoyo. En este espacio mi intención es rescatar algunas lianas del universo cultural y del mundo del entretenimiento –dos avenidas anchísimas–, algunas cosas para aferrarnos fuerte en medio de nuestras selvas personales.

Que florezcan, entonces, mil.

Autora: Agustina Larrea

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Mis oídos me juegan la mala pasada de todos los años y se me tapan aleatoriamente: el cortocircuito en el cuerpo, ese silencio que se impone, que me aísla del mundo (¿y si tal vez me salva un rato?: elijo creer). Lo conté por acá y por acá, y ahora, una vez más, no puedo ni siquiera escuchar con nitidez el estruendo de la lluvia que cae en este mismo momento, uno de los pocos ruidos que me gustan de verdad. Apelo, entonces, a la memoria, pienso en tormentas pasadas para desatormentarme, me aferro a los versos de un poema de Borges que está en El Hacedor y se llama La lluvia (“Cae o cayó. La lluvia es una cosa/que sin duda sucede en el pasado”).

John Cusack, en una escena de "Alta fidelidad", de Stephen Frears.

Me fascinan varias tormentas del cine. Una en especial, la de la película Alta fidelidad dirigida por Stephen Frears. Rob/John Cusack se empapa por culpa de un chaparrón impiadoso que lo engancha en la calle, después de escaparse de un velorio. “Ahora me doy cuenta: realmente nunca me comprometí con Laura. Siempre tenía un pie afuera y eso me hacía dejar de lado muchas cosas, como pensar en mi futuro. Tal vez porque creía que tenía más sentido no comprometerme con nada y mantener abiertas mis opciones. Y eso… es un suicidio en pequeñas porciones”, dice mirando a cámara, como recordamos por acá