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Para los periodistas acreditados

Vidrios esmerilados y pasillos vedados: Adorni dice que las nuevas restricciones a la prensa en la Casa Rosada “no es censura”

Milei junto a los periodistas acreditados en la sala de conferencias de la Casa Rosada, al inicio de su gestión.
4 de mayo de 2026 10:05 h

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El regreso de los periodistas acreditados a la Casa Rosada no implicó una vuelta a la normalidad, sino la inauguración de un nuevo esquema de circulación restringida dentro de la sede de Gobierno. La reapertura de la cobertura presencial convive ahora con una arquitectura más opaca y segmentada, en la que el acceso a la información queda mediado por límites físicos y decisiones administrativas.

El reingreso de los cronistas vino acompañado de una serie de indicaciones precisas: ya no pueden desplazarse por el histórico sector del Patio de las Palmeras ni recorrer los pasillos como lo hacían habitualmente. El acceso quedó delimitado a un circuito acotado que incluye la sala de prensa, la cafetería, el área de recepción y el Patio Malvinas, en planta baja, sin posibilidad de avanzar más allá. En la práctica, ese perímetro funciona como una cápsula dentro del edificio, que permite la presencia de los acreditados pero restringe su capacidad de observar el movimiento cotidiano del poder.

El Patio de las Palmeras de la Casa Rosada, uno de los puntos vetados para la prensa acreditada a partir de este lunes.

La restricción al Patio de las Palmeras es clave. Se trata de uno de los espacios más abiertos y transitados de la Casa Rosada, un punto de paso obligado entre despachos y áreas de gestión que históricamente funcionó como termómetro de la actividad oficial. Desde allí, la prensa podía reconstruir agendas, detectar reuniones y seguir la dinámica interna del Gobierno. Su cierre no es solo físico: implica también un recorte en la capacidad de anticipar y verificar información.

Los trabajadores de medios tampoco pueden acercarse a zonas sensibles, como el área vinculada al asesor presidencial Santiago Caputo, incluido el llamado Salón Martín Fierro, que quedó explícitamente fuera de alcance. Ese corrimiento marca una frontera clara entre los espacios habilitados para la circulación periodística y aquellos donde se concentra la toma de decisiones.

Uno de los balcones que dan al Patio de las Palmeras, hoy con circulación restringida.

En su conferencia de prensa de este lunes, Manuel Adorni aseguró que lo que definió como un “nuevo protocolo” fue dispuesto por Casa Militar —el organismo encargado de la seguridad presidencial— en conjunto con la Secretaría de Comunicación que conduce Javier Lanari. “No es censura”, planteó el funcionario, al justificar el esquema bajo criterios de seguridad. La frase buscó encuadrar la discusión, aunque no disipó las dudas sobre el impacto real de las restricciones.

El nuevo protocolo no solo redefine los movimientos, sino también la lógica de permanencia dentro del edificio. A partir de ahora, los acreditados deben entregar sus credenciales al retirarse y recuperarlas recién al día siguiente, un mecanismo inusual que refuerza el control sobre los ingresos y egresos. Se trata de un sistema que no tenía antecedentes recientes y que introduce una capa adicional de supervisión sobre quién permanece dentro de la Casa Rosada y por cuánto tiempo.

Manuel Adorni en la sala de conferencias de la Casa Rosada.

A eso se suma una transformación física del espacio. Puertas y pasillos que conectan con el sector de Palmeras fueron intervenidos con vidrios esmerilados, reduciendo la visibilidad hacia áreas internas donde hasta hace una semana se podía circular y observar. La modificación no es menor: cambia la lógica visual del edificio y limita la posibilidad de registrar movimientos incluso desde los sectores habilitados.

Bajo esa nueva arquitectura interna, el Gobierno reabrió este lunes Balcarce 50 para los periodistas acreditados, luego de diez días de veto informativo. La restricción había sido dispuesta tras una denuncia pública —aún sin correlato judicial— por supuesto “espionaje ilegal”, a raíz de un informe del canal TN que utilizó anteojos con cámara para registrar imágenes dentro de la Casa Rosada. La reacción oficial derivó en el endurecimiento de controles y la judicialización del episodio. Ese antecedente funciona como clave para entender el nuevo esquema. La reapertura no implicó una reversión de la medida, sino su reformulación bajo reglas más estrictas.

Los vidrios esmeriladores que dan al Patio de las Palmeras de la Casa Rosada.

La conferencia de Adorni de este lunes fue, en ese contexto, la primera después de casi dos meses sin contacto directo con la prensa. Su última aparición había estado marcada por un clima de tensión, cuando respondió preguntas sobre las sospechas en torno a su patrimonio y sus viajes, acusó a los acreditados de ser “apenas periodistas” y abandonó la sala visiblemente ofuscado. Desde entonces, el vínculo entre el Gobierno y la prensa se deterioró de manera sostenida.

En las semanas siguientes fue el propio Javier Milei quien amplificó ese clima con una serie de declaraciones públicas contra los medios, bajo el latiguillo “no odiamos lo suficiente a los periodistas”. El último episodio de alto voltaje se produjo en el Congreso, donde acusó de “chorros y corruptos” a los acreditados que cubrían la presentación del informe de gestión de Adorni.

PL/MC

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